EL VALLE

EL VALLE Y NATURALEZA

A pesar de su ancianidad, algunas de esas montañas son todavía lo suficientemente altas para poder divisar desde sus cumbres gran parte del Valle de Mondoñero, bastando simplemente al Padornelo para darte cuenta con caridad que ciudad y valle han sido, son y seguirán siendo complementarios, uno parte del otro.

 

Es allí en donde, junto a ese casi siempre verde paisaje, deambularon los seres humanos a lo largo de los siglos, como es el caso de la diócesis de Britonia ya existente en las Islas Británicas allá por el siglo IV, pero que desde finales del siglo V o principios del VI se establecía en tierras gallegas, huyendo de los anglosajones que en ese momento estaban conquistando aquel territorio europeo. La diócesis, que discurría entre Ortigueira hasta Navia, no tardó el divisar a su primer titular, el obispo Mailoc. Más tarde, aquella entidad eclesiástica evolucionará para dar lugar a la diócesis Mindoniense, surgida ya en el siglo IX en plena época de la Reconquista que inaugurase el noble visigodo Pelayo, junto a la cual no tardarían en erigirse otros múltiples aldeas, convertidas en verdaderos asentamientos humanos de carácter permanente.

A ellos nunca les faltó el más importante de los bienes necesarios para la supervivencia, el agua, además de la alimentación, puesto que aquí, junto a las montañas, las tierras también son llanas y fértiles. Comparten el espacio junto a los cristalinos ríos del Rego Cesuras y del Rego Valiñadares, los regatos y las fuentes, que transportan sus aguas al Masma, convertido en el cauce fluvial más importante de Mondoñedo, al que ya en el mundo medieval llamaban Masoma, nombre que bien pudiera haber sido también usado en épocas prerromanas y que significaría algo así como “el muy húmedo”. Esas aguas, a veces tranquilas, a veces enérgicas, como es el caso del célebre Salto Fervenza, nos muestran la grandiosidad de esa naturaleza que en el Valle aparece inserta.

 

Árboles, arbustos y agua, antiguos montes y llanura hacen del Valle de Mondoñedo un lugar privilegiado en tierras de Galicia, en particular, y de España en general. Allí se albergan lugares únicos, envueltos en leyendas propias, como es el que impregna a aquella cueva donde, según una tradición inveterada, moran las almas del rey Cintuolo y su bella hija Manfada.

Situado entre las sierras de Lourenzá, A Toxiza y los Montes de Enfesta, el Valle de Mondoñedo se emplaza en el seno de unas redondeadas montañas, fruto de la erosión de millones de años, en donde el viento, la nieve y la lluvia parecen haberle acompañado desde siempre. El plano del lugar aparece perennemente dibujado con bosques de pinos y eucaliptos, pero en donde también se añaden adicionalmente otras especies arbóreas, como son castaños, robles, abedules, álamos y sauces. Junto a su verde vegetación, tampoco falta una todavía rica fauna silvestre, tales como lobos, corzos, jabalíes o esas ya casi extintas manadas de caballos salvajes.

 

Todos ellos, en gran medida, han acompañado a los humanos desde el principio de los tiempos, con vestigios que inician su trayectoria en la época megalítica y que la terminan en la actualidad, puesto que por el Valle han pasado y se han detenido prácticamente todas las civilizaciones que han tenido presencia en historia de la península Ibérica, pero en donde tampoco han faltado gentes de más allá de los Pirineos, atraídas por el espíritu del Apóstol Santiago y su Camino.

THE VALLEY

Es por ello que en el Valle de Mondoñedo podremos hallarnos frente a suntuosas casas de señoriales que conviven en armonía arquitectónica con humildes construcciones, así como establos, talleres artesanales. Con todo, queda claro que las construcciones que nunca pasarán desapercibidas serán los hórreos, convertidas en célebres y excelentes construcciones, que a lo largo de ya numerosos siglos han sido utilizadas por los moradores del Valle para preservar los alimentos obtenidos de la tierra. Éstos, han adquirido tal grado de personalidad, que hacen que para muchos se hable de unas construcciones erigidas al Estilo Mondoñedo.

 

Se trata del popular cabozo, que básicamente es una edificación dedicada a hacer las funciones de granero, muy extendida por la zona de Mondoñedo desde los primeros años del siglo XVII, a raíz de la llegada a la zona de las primeras plantas de maíz, procedentes de  tierras americanas.

Ver referencias bibliográficas

 

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THE VALLEY AND NATURE